"¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca."
— Salmos 119:103
Hay algo que el café y la Palabra de Dios tienen en común: ambos despiertan. Uno despierta el cuerpo, el otro despierta el alma.
Cada mañana, cuando sostenemos esa taza y sentimos el aroma del café, es una invitación a detenernos. A recordar que antes del ruido del día, hay una voz que nos habla con dulzura.

El salmista describe la Palabra como algo más dulce que la miel. No como una obligación, no como una regla — sino como algo que deleita, que nutre, que sabe bien. Así debería ser nuestra relación con Dios: algo que disfrutamos, no solo que cumplimos.
Hoy, mientras tomas tu Florelas, te invitamos a leer un versículo. Solo uno. Déjalo reposar en tu corazón como el café en tu taza. 🌟

Que tu café esté caliente y tu fe, más. ☕🌟